
Madrid, 14 de mayo de 2026. El 16 de mayo nos recuerda cada año que la convivencia en
paz no es un estado dado, sino una construcción colectiva que exige compromiso,
reflexión y acción compartida. La resolución 72/130 de la Asamblea General de Naciones
Unidas estableció esta fecha como una invitación a promover la tolerancia, la inclusión y
la solidaridad. Hoy, ese llamamiento adquiere una urgencia renovada en un contexto
marcado por la polarización, la desconfianza y el debilitamiento de los vínculos sociales.
La idea de una convivencia en paz forma parte del núcleo del proyecto ilustrado europeo
que ha inspirado la construcción de la Unión Europea: la convicción de que los seres
humanos pueden construir espacios comunes a través de la razón, el diálogo y el
reconocimiento mutuo. En esta tradición, el pensamiento del filósofo Jürgen Habermas —
recientemente fallecido— ha subrayado que la convivencia no consiste en ignorar las
diferencias, sino en hacerlas dialogables desde el reconocimiento del otro como
interlocutor válido. Solo así es posible identificar y reconstruir los valores y normas
comunes que sostienen la vida en sociedad.
La convivencia en paz es, por tanto, un proceso que requiere condiciones éticas y
comunicativas exigentes: la disposición a buscar conjuntamente la verdad mediante la
fuerza del mejor argumento, la sinceridad en las afirmaciones y la capacidad de situar
entre paréntesis los intereses particulares para descubrir aquello que nos une. Este
horizonte conecta con la idea de «convivir» —y no solo «coexistir»—, tal como ha
defendido Adela Cortina, construyendo proyectos compartidos que permitan el desarrollo
tanto individual como colectivo.
En este contexto, las universidades están llamadas a desempeñar un papel insustituible.
No solo como espacios donde conviven personas diversas, sino como instituciones que
tienen la responsabilidad de comprender, atender y orientar los problemas de la
sociedad. La Universidad no puede limitarse a reflejar la realidad social: debe contribuir
activamente a transformarla desde el conocimiento, el pensamiento crítico y el diálogo
entre saberes. Ello exige reforzar el trabajo conjunto entre disciplinas, departamentos e
instituciones, poniendo el conocimiento al servicio del bien común.
La convivencia en paz debe ser también un principio rector de la propia vida universitaria
y de su gobernanza. Nuestras universidades han de ser campus que no solo enseñen la
paz, sino que la practiquen: espacios donde el respeto, la inclusión, la deliberación y la
responsabilidad compartida orienten tanto la docencia y la investigación como la toma de
decisiones institucionales.
Por ello, desde la Conferencia de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas renovamos nuestro compromiso con la construcción activa de una cultura de paz
que atraviese todas nuestras misiones. Nos comprometemos a seguir promoviendo
entornos universitarios que favorezcan el reconocimiento mutuo, el diálogo informado y
la cooperación, y a proyectar estos valores hacia el conjunto de la sociedad.
Que este Día Internacional de la Convivencia en Paz sea, para toda la comunidad
universitaria, una invitación a fortalecer las condiciones que hacen posible no solo vivir
juntos, sino convivir construyendo un futuro común más justo, inclusivo y democrático.
